Desafuero de Lopez Obrador
Ha sido desaforado. Este es un caso de contradicciones.
Es legal el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, pero fue impulsado políticamente.
Se puede afirmar que es bueno que lo desaforaron. Se cumple con la ley. Se evita que llegue al poder gente que suele rodear a López Obrador, como perros famélicos tras el hueso, estilo Bejarano. Pero lo mismo va a suceder con cualquier otro candidato de otros partidos.
También se puede decir que es malo que lo hayan desaforado, pues es evidente que las razones del desafuero son políticas. Hay cientos de servidores públicos con fuero que han infringido la ley y no han sido desaforados. El caso más notable es el de un corrupto senador del PRI y alto funcionario del sindicato de Petróleos Mexicanos. Es obvio que a López Obrador lo quieren sacar de la jugada política rumbo al 2006.
Lo que yo creo, sin embargo, es que da igual que lo hayan desaforado o no. No va a pasar nada más allá de lo anecdótico de las movilizaciones y dos o tres catorrazos. Dentro de 6 meses, después de que concluya el proceso ante los jueces, no habrá ni quién se acuerde. Es posible que López Obrador se defienda bien ante los jueces, conserve sus derechos políticos y contienda por la presidencia de la República. También es posible que pierda sus derechos y se olvide del 2006.
Pero da lo mismo. Pues no importa ni el candidato ni el partido político que gobierne a México a partir de diciembre de 2006. Da igual. No hay en quién confiar y los que no son rateros son mochos y los que no son mochos son izquierdistas de pacotilla. Y ninguno tiene interés en el pueblo. Lo único que les interesa es conservar y aumentar sus prebendas. Este país no vive en una democracia sino en una partidocracia. Que por cierto, nos sale muy cara a los contribuyentes.
Creo que, ahora sí, es el turno de los ciudadanos. Tendremos que ignorar al gobierno y a los partidos. Cuando mucho, valdrá la pena observarlos de lejos, pero sin la menor esperanza de que hagan algo por nuestro país.
No nos queda sino trabajar duro, con ética y sin meternos en problemas (con la ley quiero decir, pues lo peor que puede vivir un mexicano es estar en juzgados o tener problemas con la policía). Quienes sonrían retorcidamente ante la palabra ética, que se afilien a cualquier partido o que mamen de las peores ubres del gobierno.
Si algún día se les ocurre a algún político o grupo en el gobierno hacer las reformas necesarias para que este sea un país de instituciones y no de partidos, entonces y sólo entonces valdrá la pena atender de cerca a los políticos.
Por lo pronto, por mi parte, que se lo piquen.