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Trabajando en pijamas

17.08.2005 | 0 Comentarios | Archivado en Sueños alucinados

Soñé que, por alguna extraña emergencia, tenía que ir al banco en chinga en la mañana, así que llegaba en pijama. Resolvía la emergencia con una típica ejecutiva, y luego me dirigía a una oficina que estaba frente al banco que por una extraña coincidencia era de un cliente mío.

Me decían los empleados de mi cliente que tenían algún problema técnico con su server, así que aprovechaba para resolverlo. En eso llegaba mi cliente. Le pedía disculpas por estar en pijama en su oficina y le avisaba que ya estaba resuelto el problema.

Mi cliente me lo agradecía y me decía que iban a continuar comprándome diversos servicios, pero que una buena parte del negocio que hacían conmigo lo iban a adquirir con otro proveedor.

Resultaba ser que el nuevo proveedor era el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Mis argumentos en contra fueron inútiles y no hubo forma de convencerlo de que yo era una mejor opción que el EZLN (es importante aclarar que su decisión de comprarle al EZLN no tenía nada que ver con mi pijama)

De la nada aparecía mi cuate Rafayel, y esperaba yo su rotundo apoyo pero mi cuaate se ponía del lado del cliente.

Cuando me despedía de mi cliente, a quien llamaré el Señor Pradera, me daba cuenta de que él tenía sólo tres dedos, y que en vez de cabello tenía una especie de telaraña.

Y ya, así son los sueños.

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Estamos chupando tranquilos

13.08.2005 | 2 Comentarios | Archivado en Música

Estamos chupando tranquilos es el título del último disco de un extravagante sujeto llamado Nono Tarado.

Llevé a mi suegra a escuchar a Nono Tarado al Péndulo. En realildad íbamos a ver a Leti Servín y Fer Martínez, amigas de Caro.

Las letras de las canciones de Nono Tarado cubren temas tan diversos como su deseo de peinarse como Jimmy Neutrón o sus explícitas experiencias con unas güeras a las que metió al baño con engañifas y “luego se las cojió”.

Mientras lo oía, me sentía preocupado como los fans de Ozzy Osbourne cuando este lanza un nuevo disco y pensaba para mí mismo “a ver con qué jalada sale ahora”.

Yo me divertí mucho, con una combinación de culpa, risa y vergüenza.

Afortunadamente mi suegra es sumamente tolerante a pesar de sus sesenta y ocho años. Disfrutó la velada y un poeta apodado el Patracas terminó regalándole uno de sus libros de poemas.

Me dijo mi suegra al final:

-Me gustó la música del Nono Tarado, pero estaría mejor si no fuera ten pelado.

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